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La región del bajo Atrato, ubicada en el Urabá chocoano, limita al norte con el Golfo de Urabá, al noroccidente con la República de Panamá, al occidente con la Serranía del Baudó y la Cordillera Occidental, al oriente con el departamento de Antioquia y al sur con la zona del medio Atrato. A ella, corresponden los municipios de Carmen del Darién, Riosucio, Unguía, Acandí y el corregimiento de Bocas del Atrato del municipio de Turbo.
Hace aproximadamente 2.300 años, existía ya en el Urabá chocoano, conocido con el nombre de Darién, un complejo cultural, conformado por cazadores y pescadores sedentarios que culminó en una fase agrícola. A la llegada de los europeos a América, poblaban el territorio chocoano agrupaciones indígenas conocidas como los Kunas, Chocoes, Noanamaes (Kunas, Emberas y Waunanas)
La zona del Urabá chocoano es una región de selva tropical húmeda, con una de las mayores biodiversidades de fauna y flora del mundo (cerca del 5% de las especies del planeta)1 . Su riqueza hidrográfica comprende ríos como el Atrato (cuyo delta posee 18 bocas) y sus afluentes, entre los que sobresalen el Cacarica, el Perancho, el Salaquí, el Truandó, el Riosucio, el Domingodó, el Curbaradó y el Jiguamiandó; ciénagas como la de Unguía, Tumaradó, Cacarica, Perancho, La Honda y Pedeguita; así como pantanos y humedales que se localizan en la llanura de inundación del Atrato, a lo largo de todo su curso.
La población total de los municipios de Riosucio y Carmen del Darién es de 15.000 y 9.447 habitantes respectivamente. En la región del bajo Atrato residen comunidades negras, llegadas desde el Baudó, el San Juan y el alto y medio Atrato en búsqueda de nuevas tierras para cultivar, indígenas (embera katíos y tules) y colonos, también llamados chilapos (provenientes del Urabá cordobés) . Las comunidades indígenas habitan principalmente las cabeceras de los ríos y las comunidades negras, las zonas medias y bajas.
Las condiciones de vida en la región del Bajo Atrato, en términos generales, son precarias. De acuerdo con el Censo del DANE del año 1993, la cobertura de energía eléctrica es del 18.83% en Acandí, del 4.78% en Unguía y del 1.74% en Riosucio; en materia de acueducto es del 49.54% en Acandí, del 41.89% en Unguía, del 0.11% en Riosucio. En cuanto al alcantarillado, el cubrimiento es del 1.74% en Acandí, del 7.58% en Unguía y del 0.04% en Riosucio3. Las viviendas, en su mayoría, son construidas en madera con techos de zinc o de palma, y con pisos elevados del suelo para sortear las constantes inundaciones de los ríos. En materia de salud, no se cuenta con los niveles de atención idóneos, y en educación la tasas de analfabetismo alcanzan, en promedio, un 25%, registrándose la más alta en Riosucio (38.71%) y Acandí (26.49%)4.
La única vía de acceso es la fluvial, principalmente a través de los ríos Atrato, Cacarica, Perancho, Truandó, Curbaradó, Jiguamiandó y de los distintos caños, a los cuales se accede con dificultad por la sedimentación. La economía de la zona depende de los cultivos de pancoger, la pesca artesanal, la caza y la explotación de especies maderables. La actividad agrícola se caracteriza por los cultivos de maíz, arroz, yuca y plátano. Estos en su gran mayoría son de subsistencia y su comercialización ofrece enormes dificultades derivadas del conflicto armado.
La presencia estatal en la región es débil. Las instituciones que, de una u otra manera, están en la zona son: la Unidad Administrativa Especial de Parques Nacionales Naturales (PNN Katíos) , la Red de Solidaridad Social, el Banco Agrario, el Instituto Colombiano Agropecuario - ICA, la Corporación Autónoma Regional para el Desarrollo Sostenible - CODECHOCÓ, el Batallón de Infantería de Marina No. 50, la XVII Brigada del Ejército Nacional, el Comando de Policía Urabá y la Defensoría del Pueblo, las personerías y las administraciones municipales.
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